Perrault, Gilles

El 23 de agosto de 1939 se firmó el pacto germano-soviético con cláusulas de mutua no agresión. La prensa occidental interpretaba que Stalin sentía mas recelo hacia el anticomunismo de Londres que por los anhelos expansionistas de Berlín.

¿O acaso fue su modo de ganar tiempo ante lo inexorable?

De hecho, a los nueve días, la Wehrmacht invadió Polonia. Así comenzó la Segunda Guerra Mundial.

En los primeros meses de 1941, el forzado idilio entre el Tercer Reich y la URSS se había deteriorado a pasos agigantados. Pero Stalin suponía que los nazis aplazarían su incursión al territorio soviético hasta no tener consolidadas de manera definitiva sus posiciones en el frente occidental.

Algo lo disuadió de semejante creencia.

Es en este punto donde entra a tallar una red soviética de espionaje, tal vez la más espectacular de este conflicto bélico, con células en las principales ciudades del Viejo Continente, incluida Berlín: La Orquesta Roja.

Su jefe, Leopold Trepper, es el gran protagonista de esta trama. Se trata de un judío nacido en la región polaca de Galitzia, cuya militancia comunista lo llevó a ser reclutado por el servicio de inteligencia exterior de la URSS.

Es él quien mueve las piezas negras en un contrapunto casi ajedrecístico con los esbirros de la Abwehr (la estructura de espionaje y contraespionaje del Reich), de la Funkabwehr (especializada en detectar las emisoras enemigas) y de la Gestapo. Allí también es donde empieza la pesadilla de sus cabecillas, Reichsführer Heinrich Himmler y el almirante Wihelm Canaris, a sabiendas que tenían enquistado al "mal" en su propia fortificación berlinesa. Y ese desvelo se extendió hacia el mismísimo Hitler.

Una vez concluida la batalla de Stalingrado, Canaris opinó sobre Trepper: "Su actuación le costó 200 mil muertos a Alemania".

Para los nazis fue el principio del fin.

Aquello es parte de la progresión argumental de este libro.

Con ustedes, la hermosa música de La Orquesta Roja.

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