Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial han circulado infinidad de versiones acerca de la llegada de nazis a la Argentina, versiones que el paso del tiempo ha ido ubicando en su justo lugar entre lo que corresponde a la fantasía y lo que efectivamente sucedió. Sin embargo, es mucho lo que aún falta saber sobre ciertos acontecimientos como el exponencial crecimiento de empresas alemanas en Argentina a comienzos de la década del cincuenta.Como lo demuestra Gaby Weber, desde 1951, cuando se establece la sucursal de Mercedes Benz en la Argentina (MBA), dinero y maquinarias llegados de Alemania facilitan un asombroso proceso de lavado de dinero. Dicho dinero fue a parar a las arcas de las empresas radicadas en Argentina, sin que queden registros contables de esas transferencias.En esta operación, son piezas fundamentales los gobiernos de ambos países, los industriales alemanes y las contrapartes argentinas. Un nombre resalta entre todos ellos: Jorge Antonio, el inseparable ladero de Perón, el hombre de confianza de los alemanes en el Río de la Plata, que de tener apenas un buen sueldo en 1950 pasó a convertirse en accionista o dueño de más de 50 empresas en 1955.En ese mismo período, no casualmente, es contratado en MBA, Adolf Eichmann, quien, mientras era buscado en todo el mundo para que pagara por sus crímenes durante el nazismo, trabajaba como empleado raso en la planta de González Catán.Esta compleja relación entre empresarios y políticos, no se limita a MBA, sino que incluye a otras compañías. Y tampoco se limita a la década del cincuenta. Retorna, con tintes aun más negros, a partir de 1976, cuando desaparecen 15 delegados sindicales de la Mercedes Benz y la empresa es acusada de haberlos entregado. Además, uno de sus mis altos directivos está sospechado de haberse apropiado de hijos de desaparecidos.En suma, La conexión alemana es una investigación impactante, de un rigor infrecuente, que saca a la luz las complicidades indispensables entre empresarios y políticos para que se lleven a cabo actos de corrupción, o lisa y llanamente crímenes. Con el aporte de documentos, que provienen de archivos reservados de las empresas, del Departamento de Estado de los Estados Unidos y de la CIA, entrevistas a algunos de los protagonistas y la exhumación de cuentas bancarias, Gaby Weber reconstruye una historia que estaba en las sombras, y cuya develación genera al mismo tiempo estupor e indignación.
Un Kirchner secreto y sorprendente, obsesionado por el poder y el dinero, que monta en cólera con amigos y enemigos y que gobierna casi en soledad la República Argentina, emerge de esta biografía lúcida y ejemplar: Walter Curia, su autor, bucea en el mayor misterio de la política actual y logra explicar como nadie quién fue, qué hizo y por qué es como es el presidente más impredecible.
Cuando la Comisión Interamericana de Derechos Humanos visitó la ESMA en 1979 no encontró ni rastro de los prisioneros. Con la ayuda de la Iglesia, la Armada los había escondido en la isla "El silencio", el lugar habitual de recreo del cardenal arzobispo de Buenos Aires. No se conoce otro caso en el mundo de un campo de concentración en una propiedad eclesiástica. Las relaciones secretas que este libro revela después de casi tres décadas de silencio incluyen la seducción que el almirante Massera ejercía sobre el papa Paulo VI, el doble juego del ahora cardenal primado Jorge Bergoglio, la colaboración del nuncio Pío Laghi y del secretario del vicariato castrense Emilio Graselli con el programa de reeducación de prisioneros de la ESMA. Con la prosa apasionante de un thriller, Horacio Verbitsky describe la fascinación del mal sobre una institución cuya finalidad declarada es hacer el bien.