Cuando Oscar Wilde hablaba de «ese amor que no osa decir su nombre» corrían los últimos años del siglo XIX, pero, aunque haya transcurrido más de un siglo desde entonces, hoy en día aún cuesta aventurarse por los caminos del lesbianismo con cierta desenvoltura y una pizca de humor. Eso es lo que se han propuesto estas magníficas autoras inglesas, que en Nosotras nos invitan a frecuentar la homosexualidad femenina en su aspecto más íntimo y cotidiano. Desde una visita a los grandes almacenes en compañía de una madre que se obstina en no entender las palabras de su hija, hasta el flirteo descarado, una bronca entre vecinas o los recuerdos de un amor que dejó el cuerpo y el alma tullidos, todo cabe en el universo de estas mujeres, decididas más que nunca a hablar de nosotras hilando buena literatura. La opinión del editor: En un viaje a Londres me topé casi por casualidad con la antología Diva de cuentos lésbicos. Empecé a leer movida por la curiosidad, y me fui entusiasmando: esas mujeres estaban tocando teclas insólitas con mucho tiento y había que apostar por ellas.
Lillian Faderman es, por derecho propio, una de las más destacadas teóricas e historiadoras del pensamiento lésbico, pero su vida no fue fácil. Su madre, soltera y judía, tuvo que huir de su país y dejar su vida tras ver morir a toda su familia en el Holocausto nazi. Acosada por los recuerdos y por episodios psicóticos recurrentes, su única vía de escape fue su hija Lilly, cuyo sueño era convertirse en una estrella del cine para «rescatar» a su madre de todos sus miedos y temores. Lilly creció y se convirtió en Lil, una hermosa joven que pronto descubrió su homosexualidad. En un intento desesperado por encontrar un significado a su vida, estudió en la Universidad de Berkeley al tiempo que trabajaba como stripper. La joven Lil, finalmente, fue Lillian, la mujer que con el tiempo se consagró como una carismática y reputada escritora. Un testimonio excepcional y desgarrado de una mujer que luchó contra su época. Nombrado libro del año 2003 por el periódico «San Francisco Chronicle».